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Predictores pronósticos de desarrollo neurológico en recién nacidos a término con crisis neonatales

R. Martins, J. Coelho, T.P. dos Santos, T. Moreno, S. Quintas, A. Levy   Revista 69(09)Fecha de publicación 01/11/2019 ● OriginalLecturas 3129 ● Descargas 238 Castellano English

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[REV NEUROL 2019;69:370-376] PMID: 31657449 DOI: https://doi.org/10.33588/rn.6909.2019209

Introducción. El peso específico de las crisis neonatales en el pronóstico neurológico de recién nacidos a término no se conoce bien, por lo que el objetivo del estudio era describir predictores pronósticos en crisis neonatales.

Sujetos y métodos. Estudio observacional prospectivo de recién nacidos a término con crisis clínicas en un centro terciario (2009-2018). Pronóstico adverso se definió como muerte, retraso global del desarrollo, parálisis cerebral o epilepsia. Se analizaron las características perinatales, la etiología, los hallazgos electroencefalográficos, la neuroimagen y los tratamientos antiepilépticos siguiendo un modelo de regresión logística.

Resultados. Se incluyó a un total de 102 recién nacidos (52 de los cuales tenían desarrollo normal). Se registraron 12 fallecimientos. En el grupo de supervivientes, 38 niños tuvieron un pronóstico desfavorable (28 con retraso global del desarrollo, 27 con parálisis cerebral, 21 con epilepsia). De las variables pronósticas identificadas en el análisis univariante, las complicaciones perinatales, el inicio de las crisis en el primer día de vida, la actividad basal anormal moderada a grave, un patrón anormal en el electroencefalograma de amplitud integrada y la respuesta al tratamiento continuaron mostrándose como independientemente asociadas a pronóstico adverso después de aplicar un modelo de regresión logística.

Conclusiones. Existen datos contradictorios sobre marcadores subrogados en crisis neonatales. Aparte de confirmar el valor predictivo de variables previamente descritas, se halló que la monitorización con electroencefalograma de amplitud integrada constituye una prometedora herramienta diagnóstica. En el futuro, se debería extender su utilización en el abordaje de estos pacientes, lo que sería de vital importancia para un diagnóstico y un tratamiento precoces.

Convulsiones Crisis electroencefalograma de amplitud integrada Neonatal Neonatos nacidos a término Pronóstico Recién nacido

Introducción


Las crisis epilépticas constituyen una de las manifestaciones más frecuentes de perturbaciones neurológicas agudas durante el período neonatal [1]. El peso específico de las crisis en la aparición de daño cerebral no es bien conocido en la bibliografía, lo que tiene implicaciones en el pronóstico de los neonatos y su tratamiento. La distinción entre alteraciones del desarrollo neurológico relacionadas con la enfermedad de base e inducidas por crisis constituye un desafío y es un factor limitante en la investigación de crisis neonatales.

El objetivo de este estudio es evaluar las variables asociadas con pronóstico neurológico adverso en recién nacidos a término con crisis.
 

Sujetos y métodos


Se llevó a cabo un estudio observacional prospectivo en una cohorte de recién nacidos a término (≥ 37 semanas de gestación), con crisis clínicamente evidentes durante el período neonatal (primeros 28 días de vida), que fueron ingresados en la unidad de cuidados intensivos neonatal de un hospital terciario entre enero de 2009 y diciembre de 2018. Sólo se incluyeron pacientes con al menos dos años de seguimiento neurológico. Los pacientes que fallecieron a consecuencia de la enfermedad de base fueron incluidos si todos los datos necesarios se encontraban disponibles en la historia clínica y habían tenido por lo menos un año de seguimiento neurológico. Se revisaron las historias clínicas y se recogieron datos relativos a características clinicodemo­gráficas, etiología, hallazgos de electroencefalograma (EEG), neuroimagen, tratamientos antiepilépticos y pronóstico neurológico.

El diagnóstico de crisis neonatales fue efectuado por un neurólogo pediátrico basándose en la observación clínica o las descripciones de testigos. Las crisis se clasificaron, de acuerdo con la clasificación de Volpe modificada por Lombrose [2], en sutiles, focales clónicas, multifocales clónicas, focales tónicas, generalizadas tónicas e mioclónicas. En los pacientes con más de un tipo de crisis se tuvo en consideración la más representativa. De acuerdo con el momento de inicio, se consideraron crisis precoces las que ocurrieron en las primeras 24 horas de vida. En todos los casos se realizó una monitorización con video-EEG en las 24 horas siguientes al evento paroxístico y con una duración mínima de 24 horas. Entre las complicaciones perinatales se registraron sufrimiento fetal, parto complicado (prolongado/precipitado) y maniobras de reanimación. La etiología primaria de las crisis fue determinada por el neurólogo pediátrico de acuerdo con la historia clínica, las técnicas de neuroimagen (ecografía transfontanelar y resonancia magnética craneal) y las pruebas de laboratorio (incluyendo pH sanguíneo y del cordón umbilical, siempre que la técnica estuviese disponible). Los pacientes en los cuales no fue posible determinar la etiología se clasificaron dentro del grupo de causa desconocida.

Los registros del EEG fueron evaluados por un neurofisiólogo pediátrico. El EEG convencional se clasificó en función de la presencia o no de actividad epiléptica interictal/ictal y actividad basal anormal. Dependiendo de la edad gestacional, la evaluación de la actividad electrográfica basal consideró la existencia de bajo voltaje o de asimetrías, y se clasificó en normal, anomalía ligera o anomalía moderada/grave. Siempre que fue posible, se realizó también un EEG de amplitud integrada (aEEG), que fue evaluado por un neonatólogo o neurólogo pediátrico y clasificado como patrón normal o anormal. En caso de varios registros de EEG, se consideró el que presentaba más alteraciones. Las técnicas de neuroimagen (ecografía transfontanelar y resonancia magnética craneal) se consideraron anormales en caso de evidencia de lesiones cerebrales, malformaciones u otras alteraciones. También se evaluó la utilización de fármacos antiepilépticos de forma aguda o como terapia de de mantenimiento.

En nuestro centro, el seguimiento clínico de pacientes con crisis neonatales es responsabilidad del Servicio de Neurología Pediátrica. El pronóstico neurológico registrado en la pasada consulta de seguimiento se tuvo en cuenta para nuestro estudio y se consideró adverso cuando uno o varios de los siguientes factores estaban presentes:
 
  • Parálisis cerebral, definida como una condición estática, no progresiva y permanente que afecta a las capacidades motoras y de movimiento [3].
  • Trastorno global del desarrollo, definido como un retraso significativo en dos o más dominios [4].
  • Epilepsia, definida de acuerdo con los criterios de la Liga Internacional contra la Epilepsia [5].
  • Fallecimiento como consecuencia de las secuelas neurológicas.

Todas las variables se analizaron en función de la evolución hacia un pronóstico neurológico normal o adverso. Para el análisis estadístico se utilizó el programa SPSS v. 24. Las estadísticas resumidas se presentan en forma de media ± desviación estándar. Para determinar la asociación entre variables de pronóstico adverso dicotómicas (sí/no) y otras variables se empleó el test de chi cuadrado y regresiones binarias logísticas. Los datos se presentan con un nivel de significación α = 0,05.
 

Resultados


Datos clínicos y demográficos


Durante el período de estudio se incluyó a un total de 102 pacientes, 57 (56%) de sexo masculino y 45 (44%) de sexo femenino, de los cuales el 51% (n = 52) presentó un pronóstico neurológico normal. En el grupo con pronóstico neurológico adverso (n = 50) hubo 12 muertes (edad media: 33 ± 5,8 meses; rango: 0-72). Sobrevivieron con secuelas en una o más esferas neurológicas 38 pacientes. El más frecuente pronóstico adverso fue el trastorno global del desarrollo (n = 28), seguido de parálisis cerebrales (n = 27), entre las cuales la más prevalente fue el tipo tetrapléjico (n = 9). Diecisiete pacientes desarrollaron epilepsia posnatal con parálisis cerebral, y 19, epilepsia posnatal con trastorno global del desarrollo. La duración media del seguimiento fue de 4,7 ± 1,3 años (rango: 2-5), y la duración media del ingreso en la unidad de cuidados intensivos neonatal fue de 8,1 ± 10,4 días (rango: 2-55).

Hallazgos perinatales


La edad media de la madre fue de 28,9 ± 6,4 años (rango: 24-37). Sesenta y nueve pacientes nacieron por parto vaginal. La edad media gestacional fue de 38,6 ± 2,5 semanas (rango: 37-41), y el peso medio al nacer fue de 3.211 ± 535 g (rango: 1.488-4.700). Hubo complicaciones perinatales en 38 pacientes: 20 con sufrimiento fetal en la cardiotocografía, 22 con parto complicado y nueve con necesidad de reanimación. La puntuación media en el test de Ap­gar a los cinco minutos fue de 8,2 ± 1 (rango: 0-10). En el análisis univariante, solamente la presencia de complicaciones perinatales estuvo significativamente asociada a un pronóstico neurológico adverso (p = 0,04).

Etiología


La encefalopatía hipóxico-isquémica fue la etiología más frecuente de las crisis (57%; n = 58), seguida por el ictus isquémico perinatal (16%; n = 16) y las hemorragias intracraneales (12%; n = 12). En el análisis univariante se observó una asociación significativa entre la encefalopatía hipóxico-isquémica y el pronóstico adverso (p = 0,03) cuando se comparó con otras etiologías. La muerte fue también más frecuente en este grupo (n = 11).

Características de las crisis


La edad de inicio de las crisis varió entre < 24 horas y 9 días de vida. En el 39% (n = 40) de los neonatos las crisis fueron de inicio precoz (en el primer día de vida), y de ellos, el 27% (n = 28) tuvo un pronóstico desfavorable. El tipo más frecuente de crisis fueron las focales clónicas (28%), seguidas por las multifocales clónicas (19%), generalizadas tónicas (19%) y focales tónicas (18%). En el análisis univariante, el inicio precoz de las crisis mostró una asociación significativa con el pronóstico neurológico adverso (p = 0,002). No se hallaron diferencia estadísticamente significativa entre los distinto tipos de crisis confirmada con el análisis de manifestaciones focales clónicas y no clónicas (p > 0,2).

Electroencefalograma


El 82% (n = 83) de los recién nacidos presentó un EEG convencional anormal. Se encontró actividad basal anormal moderada a grave en el 29% (n = 30) de los neonatos y actividad epileptiforme en el 77% (n = 79). En el análisis univariante, sólo la actividad basal anormal moderada a grave se asoció significativamente con un peor pronóstico (p = 0,001), mientras que no se encontró diferencia alguna en la actividad epileptiforme (p = 0,15). A 91 pacientes se les realizó también un aEEG, y en el 62% de ellos se identificó un patrón anormal. En el análisis univariante, un patrón anormal en el aEEG también mostró una asociación significativa con el pronóstico neurológico adverso (p = 0,05).

Neuroimagen


A todos los pacientes se les realizó una resonancia magnética craneal y una ecografía transfontanelar. En el grupo de pronóstico desfavorable, el 54% (n = 22) y el 63% (n = 45) de los recién nacidos presen­taban alteraciones en la resonancia magnética y en la ecografía transfontanelar, respectivamente. En el análisis univariante, las alteraciones en la ecografía transfontanelar mostraron una asociación significativa con un pronóstico desfavorable (p = 0,03), mientras que en el caso de la resonancia magnética no hubo diferencia significativa entre los dos grupos (p > 0,2).

Tratamiento


Solamente en dos pacientes no fue necesario tratamiento antiepiléptico. Durante el período neonatal, las crisis se controlaron en 57 recién nacidos con fenobarbital en monoterapia. En 43 recién nacidos fue necesario añadir al fenobarbital uno o varios anti­epilépticos: midazolam (n = 19), fenitoína (n = 16), clonacepam (n = =4), lidocaína (n = 2) u otros (n = 2). Cuarenta y seis pacientes mantuvieron el tratamiento antiepiléptico en el alta. En el análisis univariante, la necesidad de añadir un segundo antiepiléptico al fenobarbital se asociaba significativamente a un pronóstico desfavorable (p = 0,002).

Pronóstico neurológico


Entre los potenciales predictores pronósticos identificados en el análisis univariante, las variables complicaciones perinatales, crisis de inicio precoz, actividad basal anormal moderada a grave, patrón anormal en el aEEG y adición de otros antiepilépticos al fenobarbital se mostraron como independientemente asociadas a un pronóstico desfavorable, tras aplicar un modelo de regresión logística (Tabla). En todos los pacientes incluidos en el estudio se recogieron datos relativos a estas variables. Destaca que la probabilidad de tener un pronóstico desfavorable fue seis veces mayor en los neonatos con actividad electrográfica basal anormal moderada a grave que en los que presentaban un trazado normal o con un ligero enlentecimiento (odds ratio = 6,25; intervalo de confianza al 95%: 1,89-18,3; p = 0,004). Nuestro estudio demostró igualmente que los que presentaban un patrón anormal en el aEEG tenían una probabilidad de pronóstico desfavorable tres veces superior (odds ratio = 2.87; intervalo de confianza al 95%: 2,3-14,4; p = 0,03).

 

Tabla. Asociación de variables estadísticamente significativas e independientes con el pronóstico neurológico.
 

Total
(n)

Pronóstico normal

Pronóstico adverso

Análisis
univariante

Análisis
multivariante

n

%

n

%

p

Odds ratio
(IC 95%)

p


Complicaciones perinatales

Ausentes

64

43

67

21

33

0,04

6,29
(3,1-12,9)

0,03


Presentes

38

9

24

29

76


Inicio de las crisis

< 24 horas

40

12

30

28

70

0,002

3,91
(2,14-22,8)

0,05


> 24 horas

62

40

64

22

36


EEG convencional (actividad basal anormal
moderada a grave)



30

23

77

7

3

0,001

6,25

(1,89-18,3)

0,004


No

72

29

40

43

60


EEG de amplitud integrada

Normal

28

25

89

3

11

0,05

2,87
(2,3-14,4)

0,03


Anormal

63

21

33

42

67


Tratamiento antiepiléptico

Fenobarbital solo

57

39

68

18

32

0,002

6,72
(1,1-25,7)

0,001


Antiepilépticos adicionales

43

11

25

32

75


EEG: electroencefalograma; IC 95%: intervalo de confianza al 95%.

 


Discusión


Las crisis neonatales son la manifestación más frecuente de trastornos agudos que ocurren durante el período de maduración cerebral [2]. A pesar de que la mortalidad de los neonatos con crisis ha disminuido significativamente en la última década debido a la mejoría en los cuidados perinatales [6,7], las crisis neonatales siguen teniendo un impacto significativo en la morbilidad a largo plazo, incluyendo alteraciones del desarrollo neurológico [8-10] y epilepsia [9,11-13]. A partir de estudios anteriores, los predictores pronósticos más importantes se han asociado tradicionalmente con la patología subyacente y la gravedad del daño cerebral, más que con las crisis per se [6,14,15]. Se acepta unánimemente que los déficits neurológicos subsecuentes se determinan fundamentalmente por la etiología de las crisis, frecuentemente secundarias a encefalopatía hipóxico-isquémica o sufrimiento durante el parto en recién nacidos a término [16]. Sin embargo, no existe consenso en cuanto al valor pronóstico de otras variables, como las características perinatales, los hallazgos electrofisiológicos y la eficacia del tratamiento. La existencia de una variación significativa en la edad gestacional, la detección de crisis y los análisis de los hallazgos electroencefalográficos contribuyen a esta discrepancia y limitan una investigación homogénea sobre crisis neonatales [17]. A pesar de estas dificultades, cada vez hay una mayor evidencia de que las crisis, independientemente de su etiología [18], y ciertos patrones electroencefalográficos son marcadores pronósticos fundamentales [19].

En este estudio evaluamos el valor predictivo de una amplia gama de variables potencialmente asociadas con el pronóstico. Existen grandes diferencias entre recién nacidos a término y pretérmino en lo que se refiere a etiología, tipo de crisis y morbilidad [20,21]. La mayoría de los estudios previos consideró tanto a recién nacidos a término como pretérmino, lo que puede haber contribuido a la variabilidad observada en la predicción pronóstica. Varios estudios llegaron a la conclusión de que los recién nacidos prematuros con crisis tienen mayor probabilidad de un pronóstico neurológico desfavorable [9,11,20,22]. En el caso de los recién nacidos a término con crisis, la evidencia sobre su pronóstico neurológico es escasa porque sólo se ha analizado en dos estudios anteriores [8,23]. Por lo tanto, nuestro objetivo fue incluir una población homogénea formada exclusivamente por recién nacidos a término. La escala de Pisani et al [24], que incluye a recién nacidos pretérmino y a término, identificó seis factores de riesgo independientes asociados a pronóstico neurológico desfavorable: peso al nacer, puntuación de Apgar en el minuto uno, exploración neurológica, ecografía transfontanelar, eficacia del tratamiento antiepiléptico y estado epiléptico. Para superar las diferencias en la población objeto de estudio, Garfinkle et al desarrollaron una escala pronóstica exclusivamente para recién nacidos a término e identificaron cinco factores de riesgo independientes: tipo de parto, inicio de las crisis, tipo de crisis, actividad basal en el EEG y etiología. Ronen et al sugieren que los marcadores de mal pronóstico son más fiables cuando combinan hallazgos clínicos, electroencefalográficos y de neuroimagen que cuando se basan en criterios clínicos o electroencefalográficos de forma aislada [9].

Las crisis neonatales se han asociado a mayor riesgo de parálisis cerebral, trastorno global del desarrollo y epilepsia posnatal. En nuestro estudio consideramos estas morbilidades como pronóstico adverso porque frecuentemente coexisten [21]. En nuestra cohorte encontramos una prevalencia de pronóstico desfavorable del 49%, lo que concuerda con otros observadores cuya definición de pronóstico adverso fue similar [9,23,25]. El papel de la epilepsia se puede interpretar como un marcador de gravedad del daño cerebral basándonos en el hecho de que los niños con epilepsia presentan igualmente parálisis cerebral y discapacidad intelectual [26]. No obstante, este abordaje tal vez sea demasiado simplista, en la medida en que las crisis neonatales pueden también desempeñar un papel sinérgico en la aparición del daño cerebral. La tasa de epilepsia posnatal varía entre el 18-25% en las distintas series hospitalarias, lo que coincide con nuestros resultados. Con todo, la incidencia en las unidades de cuidados intensivos podrá ser mayor, lo que obedecería a un posible sesgo de selección [18,27,28].

De acuerdo con los hallazgos de estudios previos, la encefalopatía hipóxico-isquémica fue la etiología más frecuente [16,29], observada en el 57% de los casos. A pesar de asociarse a un peor pronóstico en el análisis univariante, no llegamos a conclusiones estadísticamente significativas al aplicar un modelo de regresión logística. Nuestros hallazgos coinciden con los de otras series [23], lo que sugiere que la extensión del daño cerebral isquémico en sí contribuye a la alteración del desarrollo neurológico más que la patología subyacente. Este concepto se refuerza por la falta de asociación encontrada entre el pronóstico y las alteraciones en la resonancia magnética craneal o la ecografía transfontanelar, que no evalúan específicamente la extensión del daño cerebral. Respecto a las variables relacionadas con el período perinatal, solamente las complicaciones pe­rinatales (sufrimiento fetal, parto complicado, necesidad de reanimación) estuvieron independientemente asociadas a pronóstico desfavorable. La edad gestacional pretérmino y el bajo peso al nacer se han relacionado extensamente con el pronóstico adverso [21,30]. En nuestro estudio, no encontramos relación entre estas variables y el pronóstico, ya que sólo incluimos recién nacidos a término. Tampoco hallamos asociación con el tipo de parto, lo que confirma resultados previos en el sentido de no existir relación alguna entre las crisis neonatales y los partos por cesárea [22,31].

El tipo de crisis no se ha asociado con el pronóstico neurológico adverso. Aunque se describe inicialmente la correlación entre crisis focales clónicas y mejor pronóstico [23,32], estos resultados no se han podido reproducir. Estudios posteriores no probaron la asociación entre la semiología y el pronóstico a largo plazo [33,34]. Por otro lado, encontramos que el inicio de las crisis en el primer día de vida y la falta de respuesta al tratamiento son fuertes predictores pronósticos. El valor de ambas variables es también consistente con descripciones anteriores [21]. En nuestra cohorte, los neonatos en los cuales fue necesario añadir otros antiepilépticos al fenobarbital tenían siete veces más probabilidad de un pronóstico desfavorable, y en quienes las crisis comenzaban precozmente, cuatro veces más probabilidad.

Las alteraciones electroencefalográficas en las crisis neonatales constituyen marcadores pronósticos bien documentados [35,36]. La actividad epiléptica interictal e ictal está asociada a pronóstico adverso. Sin embargo, numerosos estudios han demostrado que la actividad basal anormal moderada a grave está mucho más fuertemente asociada a pronóstico desfavorable que la actividad epiléptica [8,23,35]. Por esta razón, analizamos los EEG buscando específicamente la presencia de actividad basal anormal o de actividad epileptiforme. Nuestros resultados prueban que la actividad basal anormal moderada a grave es un predictor independiente de pronóstico adverso, mientras que en lo que se refiere a la presencia de actividad epileptiforme, no hallamos diferencias significativas. Estos hallazgos corroboran la idea ya existente de que las descargas epileptiformes no necesariamente se correlacionan con la extensión del daño cerebral.

Aparte del EEG convencional, evaluamos la uti­lización del aEEG como herramienta diagnóstica y se observó que un patrón anormal de éste también se asocia de forma independiente con el pronóstico. La evidencia sobre la utilización del aEEG como predictor pronóstico en las crisis neonatales es muy escasa en la bibliografía. Se acepta generalmente que el EEG convencional tiene una mayor sensibilidad y especificidad para la detección de crisis que el aEEG [37], por lo cual en nuestro estudio se realizó un aEEG a todos los neonatos simplemente co­mo complemento de la monitorización del video-EEG convencional. Un estudio previo de Zhang et al también encontró asociación entre patrones anormales en el aEEG y pronóstico desfavorable a largo plazo [38].

Nuestro estudio tiene limitaciones metodológicas. Las crisis fueron diagnosticadas por neurólogos pediátricos con experiencia basándose en descripciones clínicas, demostrando una situación real en la unidad de cuidados intensivos neonatal en la cual la monitorización electroencefalográfica puede no estar inmediatamente disponible. Este abordaje clínico implica una variabilidad subjetiva en la detección de las crisis. Para superar esta limitación, se exigió la realización de monitorización video-EEG como prueba de referencia para aumentar de esta manera la probabilidad de detección. En caso de no detectar ningún evento, prevalecía la observación clínica. Otra limitación de nuestro estudio fue la interpretación dicotómica de la resonancia magnética craneal y la ecografía transfontanelar como normal o anormal. Tal vez podría haber sido de utilidad la evaluación de la gravedad de las lesiones cerebrales, por ejemplo, en el caso de las lesiones de los ganglios basales y el tálamo en la encefalopatía hipóxico-isquémica.

En la bibliografía existen numerosos datos sobre marcadores pronósticos de las crisis neonatales. En nuestro estudio, el análisis de regresión multivariante encontró las siguientes variables independientemente asociadas a un pronóstico neurológico adverso: complicaciones perinatales, inicio precoz de las crisis, eficacia terapéutica, actividad basal anormal moderada a grave en el EEG convencional y un patrón anormal en el aEEG. En este estudio, es reseñable la ventaja de utilizar el aEEG, ya que sus alteraciones son fáciles de detectar y tienen importantes implicaciones pronósticas.

En conclusión, la detección y la clasificación de las crisis neonatales, la patología cerebral subyacente y el impacto real en el pronóstico a largo plazo son controvertidos. Además de confirmar el valor predictivo de variables descritas en estudios previos, encontramos que la monitorización con aEEG constituye una prometedora herramienta diagnóstica. El aEEG deberá tenerse en cuenta en el futuro, ya que es más fácilmente accesible en las unidades de cuidados intensivos que la monitorización con video-EEG convencional, lo que puede ser fundamental para la identificación y el tratamiento precoz de las crisis.

 

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Neurodevelopmental outcome predictors of term newborns with neonatal seizures

Introduction. The concrete burden of neonatal seizures in neurodevelopmental outcome of term newborns is still unknown in literature. The aim of this study was to describe prognostic predictors in neonatal seizures.

Subjects and methods. Observational prospective study of term neonates with clinical seizures from a tertiary center (2009-2018). Adverse outcome was determined as death, global developmental delay, cerebral palsy or epilepsy. Perinatal characteristics, etiology, electrographic features, neuroimaging and antiepileptic treatment were analyzed in a logistic regression model.

Results. A total of 102 newborns were included (52 infants with normal outcome). Twelve fatalities were registered. In the survival group, 38 children had an adverse outcome (28 global developmental delay, 27 cerebral palsy, 21 epilepsy). From the prognostic variables identified in univariate analysis, perinatal complications, seizure onset in the first day of life, moderate to severe abnormal background activity, abnormal amplitude-integrated EEG pattern, and treatment response remained independently associated with adverse outcome after a logistic regression model.

Conclusions. There is conflicting data about surrogate markers in neonatal seizures. Aside from confirming the predictive value of previously described variables, we observed that amplitude-integrated EEG monitoring is a forthcoming prognostic tool. Future approaches may include a wider use of amplitude-integrated EEG monitoring, being crucial for timely seizure identification and prompt treatment.

Key words. Amplitude-integrated EEG. Convulsions. Neonatal. Newborn. Outcome. Seizures. Term.

 

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