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Disfagia orofaríngea en el ictus: aspectos diagnósticos y terapéuticos

R. Terré   Revista 70(12)Fecha de publicación 16/06/2020 ● RevisiónLecturas 3409 ● Descargas 289 Castellano English

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[REV NEUROL 2020;70:444-452] PMID: 32500523 DOI: https://doi.org/10.33588/rn.7012.2019447

Introducción. La disfagia orofaríngea tiene una elevada prevalencia tras un ictus. Se manifiesta clínicamente en alteraciones en la eficacia y la seguridad de la deglución, con la consiguiente morbimortalidad asociada a las alteraciones nutricionales y respiratorias.

Objetivo. Efectuar una revisión actualizada de los aspectos diagnósticos y terapéuticos de la disfagia orofaríngea tras un ictus, con aplicabilidad en la clínica diaria, y de las técnicas de neuroestimulación no invasiva.

Desarrollo. El proceso de diagnóstico y tratamiento de la disfagia orofaríngea tiene como objetivos cribar, identificar y diagnosticar a los pacientes con riesgo de disfagia, e instaurar las medidas dietéticas y terapéuticas que aseguren la correcta nutrición e hidratación de los pacientes en condiciones de seguridad. El diagnóstico se basa en la exploración clínica de la deglución y en las exploraciones instrumentales, como la videofluoroscopia y la fibroendoscopia. Las medidas terapéuticas incluyen las estrategias compensadoras y rehabilitadoras (maniobras activas, ejercicios de control motor, electroestimulación neuromuscular y tratamiento con toxina botulínica). Las técnicas de neuroestimulación incluyen la estimulación central no invasiva y la estimulación eléctrica intrafaríngea.

Conclusión. La disfagia orofaríngea tiene una elevada prevalencia tras un ictus. El diagnóstico debe incluir una evaluación clínica y una exploración instrumental, y así indicar de forma objetiva el tratamiento, que incluirá medidas compensadoras y restauradoras con las que reducir la morbimortalidad asociada.

Disfagia Electroestimulación neuromuscular estimulación magnética transcraneal repetitiva Estimulación transcraneal directa Fibroendoscopia Ictus Neuroestimulación Videofluoroscopia Patología vascular Técnicas exploratorias

Introducción


Clásicamente, la disfagia se define como un trastorno de la deglución caracterizado por una dificultad en la preparación oral del bolo o en el desplazamiento del alimento desde la boca hasta al estómago. La alteración incluye desde un retraso o falta de transferencia del bolo hasta un error en la dirección y el paso a la vía aérea. La disfagia orofaríngea está tipificada como un trastorno digestivo dentro de la Clasificación Internacional de las Enfermedades, décima revisión (CIE-10), de la Organización Mundial de la Salud, con el código R13 [1].

La prevalencia de disfagia orofaríngea descrita tras un ictus oscila entre el 22% y el 70%, dependiendo de los criterios utilizados para definirla, el método de evaluación y el tiempo de evolución desde el ictus [2]. La tipología, la localización y la gravedad del ictus se consideran factores importantes en la descripción de la prevalencia de la disfagia orofaríngea. Se han descrito prevalencias más elevadas en pacientes con ictus hemorrágicos (49,2%), en comparación con los ictus isquémicos (32,1%), al igual que en los ictus con afectación combinada del tronco y los hemisferios (85%), seguidos de los del tronco encefálico (67%), los ictus bilaterales (56%), y una menor prevalencia en la afectación hemisférica unilateral (40%) [3,4]. Además, hasta la mitad de las aspiraciones presentadas por esta población son silentes, con el consiguiente riesgo de complicaciones respiratorias [5].

La disfagia no solamente altera la calidad de vida de los pacientes con ictus, sino que también se relaciona con el pronóstico. Así, los pacientes con disfagia orofaríngea tienen una mayor incidencia de neumonía, deshidratación y malnutrición, y una mayor mortalidad en relación con los que no la presentan. Además, en estos pacientes, la presencia de disfagia en el ingreso hospitalario se asocia a una peor evolución, incluyendo peor capacidad funcional, institucionalización e incremento de la mortalidad [2,6].

El objetivo del presente estudio es efectuar una revisión actualizada de los aspectos diagnósticos y terapéuticos de la disfagia orofaríngea tras un ictus con aplicabilidad en la práctica clínica, analizando el grado de evidencia actual de estas intervenciones, y también revisar las nuevas terapias de neurorrehabilitación de la disfagia orofaríngea que suponen las estrategias de neuroestimulación central y periférica.
 

Exploraciones diagnósticas


Los procedimientos diagnósticos de la disfagia orofaríngea deberán cumplir dos propósitos: identificar las anomalías anatómicas o fisiológicas que ocasionan dificultad para deglutir y evaluar la efecti­vidad de las intervenciones terapéuticas que per­mitan compensar las alteraciones deglutorias, y así poder iniciar o mantener la alimentación por vía oral. El objetivo del diagnóstico es la evaluación de las dos características que definen la deglución: eficacia y seguridad. La eficacia es la capacidad de ingerir la cantidad de nutrientes y líquidos necesarios para asegurar una correcta nutrición e hidratación, y la seguridad es la capacidad de ingerirlos sin que se produzcan complicaciones respiratorias.

Para evaluar la disfagia orofaríngea, en las guías de práctica clínica del ictus se recomienda realizar una historia clínica, una exploración motriz y sensitiva, un test de detección de síntomas de disfagia, un test clínico con texturas y una prueba instrumental que confirme la aspiración, así como una exploración del estado nutricional [7].

Exploración clínica de la deglución


La exploración clínica tiene como objetivo elaborar una hipótesis del problema. Incluye una anamnesis de la función deglutoria, el examen físico de la anatomía oral y de la función orofaríngea, y una evaluación observacional de la función deglutoria (métodos clínicos). Permite identificar signos y síntomas de disfagia, identificar pacientes con riesgo de aspiración, iniciar con la información obtenida las recomendaciones terapéuticas y, en último término, recomendar exploraciones adicionales para completar el diagnóstico, como la exploración videofluoroscópica o la fibroendoscopia [7-9].

Con un grado de recomendación B y de evidencia 2++, las guías de práctica clínica actuales recomiendan realizar un test clínico de disfagia antes de iniciar la ingesta oral, que debe realizarse por personal entrenado [10,11].

Se han publicado diferentes tests clínicos con variable fiabilidad [12,13]. Dentro de ellos se incluye el test del agua [14], en el que sólo se evalúan volúmenes medios y altos de agua. Permite la detección de disfagia, pero no ofrece información de la textura y el volumen adecuados para alimentar al paciente. Con este método existe un riesgo importante de aspiración. El Gugging Swallowing Screen evalúa la deglución de saliva y bolos semisólidos, líquidos y sólidos (pan) [15]. El método de exploración clínica volumen-viscosidad [16] está valorado en una revisión sistemática como un test con adecuada sensibilidad y especificidad [13]. Evalúa diferentes volúmenes y viscosidades (néctar, líquido y pudin) que se administran al paciente siguiendo un algoritmo de dificultad creciente, así como signos de alteración de la eficacia y la seguridad de la deglución. Orienta al clínico sobre la textura y el volumen más seguros para alimentar al paciente y sirve de criterio para indicar una exploración instrumental.

Exploración nutricional


Las alteraciones en la eficacia de la deglución se traducirán en desnutrición y deshidratación, con la consiguiente comorbilidad asociada. La guía de práctica clínica de la European Society Parenteral Enteral Nutrition recomienda (grado de recomendación B) realizar un cribado nutricional en todos los pacientes neurológicos, en el momento del diagnóstico y cada tres meses como seguimiento [17].

Un conjunto de técnicas instrumentales permite realizar el diagnóstico fisiopatológico de la alteración de la deglución.

Exploración videofluoroscópica

Hasta ahora, la exploración videofluoroscópica se considera el método de elección [18] para evaluar la disfagia orofaríngea. Es una exploración radiológica de baja irradiación que permite el análisis en tiempo real de la propulsión del bolo de la boca al esófago, detectar disfunciones en la fase oral y faríngea de la deglución, orientar el tratamiento de la disfagia orofaríngea, evaluar la eficacia de las diferentes estrategias terapéuticas e indicar de forma objetiva una vía alternativa de alimentación de forma exclusiva o permitiendo una parte de la alimentación por vía oral.

El principio general de la exploración videofluoroscópica es que se realice usando la mínima dosis de irradiación posible; el tiempo de irradiación má­ximo será de tres minutos [19].

Como medio de contraste se utilizan dos tipos: el sulfato de bario y los contrastes iodados, como el Gastrografín ® y el Visipaque ® (este último, hidrosoluble e isoosmolar, será el de primera elección). Se exploran bolos de diferentes volúmenes y viscosidades en una proyección lateral y anteroposterior, y se registran las imágenes en una cámara de vídeo.

Con esta exploración definiremos los signos videofluoroscópicos de seguridad y eficacia de la deglución para la fase oral y faríngea. En la fase oral se analizan [18,20] el sello labial, el control lingual anterior, el residuo oral, el sello glosopalatal, la deglución fraccionada y el disparo de la deglución faríngea; y en la fase faríngea, el ascenso laríngeo, el residuo faríngeo (Fig. 1), la penetración laríngea (Fig. 2) y la aspiración traqueal (Fig. 3).

 

Figura 1. Residuo en la cavidad faríngea: presencia de parte del bolo alimenticio en la valécula y los senos piriformes después de la deglución.






 

Figura 2. Penetración laríngea: paso de contenido del bolo alimenticio al vestíbulo laríngeo por encima de las cuerdas vocales.






 

Figura 3. Aspiración traqueal: entrada de parte del bolo alimenticio a la vía aérea por debajo de las cuerdas vocales.






 

Con esta exploración, además, podremos efectuar un análisis cuantitativo de la deglución, determinando una serie de medidas temporales y espaciales que permitirán evaluar de forma más objetiva la fisiología deglutoria [8,20].

Fibroendoscopia de la deglución

La evaluación de la deglución con un endoscopio flexible permite examinar la anatomía de la cavidad oral, faríngea y laríngea, y la sensibilidad de la faringe y la laringe. Esta técnica fue descrita en 1988 por Langmore et al [21].

La exploración se efectúa pasando un fibroscopio por vía transnasal hasta el cavum y permitirá una visualización directa de la morfología, el aspecto y la simetría de las estructuras faringolaríngeas, la competencia laríngea, la sensibilidad de la faringolaringe, así como sus anomalías funcionales, la localización de las secreciones y la capacidad del paciente para gestionarlas [21,22]. La exploración de la deglución con alimento se realiza con diferentes volúmenes y texturas, y permite valorar el paso del alimento a la hipofaringe, la penetración laríngea, la aspiración traqueal, el residuo en la valécula y los senos piriformes, así como la capacidad del paciente para liberar los residuos de la vía aérea [22].

Las guías de práctica clínica recomiendan realizar la evaluación de la deglución con un endoscopio flexible en función de la movilidad del individuo (encamado, aislado, no desplazable), la necesidad de un diagnóstico orgánico de la aspiración o si presenta problemas para tolerar la exploración radiológica [23].

Manometría esofágica

La manometría esofágica mide la actividad motora del esófago y de sus esfínteres en condiciones basales y en respuesta a la deglución. En la disfagia orofaríngea, esta exploración informa de la fuerza de propulsión faríngea, la presión de reposo y relajación del esfínter esofágico superior, y la coordinación faringoesofágica durante la deglución [24].

La manometría esofágica convencional se realiza con una sonda de varios canales (cuatro u ocho) conectada a un sistema manométrico estándar (transductores de presión incorporados en la sonda o externos y sistemas de registro gráfico). Se valora la presión del esfínter esofágico inferior en reposo y tras la deglución, las contracciones del cuerpo esofágico durante la deglución, la presión del esfínter esofágico superior en reposo, el porcentaje de relajación del esfínter esofágico superior, la amplitud de la contracción faríngea y la coordinación faringoesofágica tras la deglución [25].

En relación con la función del esfínter esofágico superior, permitirá detectar alteraciones obstructivas (aumento de la presión basal o residual del esfínter), propulsivas (disminución de la amplitud de la contracción faríngea) y descoordinación entre la relajación del esfínter esofágico superior y la llegada del peristaltismo faríngeo en la hipofaringe.

De más reciente aparición, la manometría de alta resolución incorpora 36 sensores circunferenciales separados 1 cm, y proporciona una medida de alta fidelidad de la fisiología y la fisiopatología faríngea, esfinteriana y del cuerpo esofágico [26]. Permite un análisis objetivo y reduce la variabilidad entre observadores, superando la manometría esofágica convencional tanto en aspectos técnicos co­mo metodológicos, pero las alteraciones de la función motora del esfínter esofágico superior están en gran medida por definir. Las aportaciones de este nuevo método de análisis han conducido a la clasificación de Chicago de los trastornos motores del esófago y sus esfínteres, por el momento incompleta en lo que respecta al esfínter esofágico superior [27].
 

Tratamiento de la disfagia orofaríngea


Globalmente, el objetivo del tratamiento de la disfagia es reducir la morbimortalidad asociada a las infecciones respiratorias, mejorar el estado nutricional e intentar conseguir que el paciente retorne o mantenga una dieta oral normal.

Esquemáticamente, la terapia deglutoria se divide en estrategias compensadoras y de rehabilitación terapéuticas [8,28]. Las guías de práctica clínica del ictus otorgan a las estrategias compensadoras y terapéuticas en su conjunto un nivel de evidencia C [7].

Estrategias compensadoras

Dentro de este grupo se incluye las siguientes.

Adaptación de la dieta y los líquidos (adecuación de la viscosidad y volumen del bolo alimenticio)

La práctica estándar consiste en modificar la consistencia de los alimentos y líquidos administrados a los pacientes con disfagia a partir de los hallazgos obtenidos en la exploración clínica o instrumental. En general, los alimentos de mayor consistencia previenen la aspiración, mientras que los líquidos finos la favorecen.

Diversos estudios describen los cambios en la fisiología deglutoria utilizando espesantes para los líquidos. Al aumentar la viscosidad del bolo, éste se desplaza más lentamente como respuesta al efecto de la compresión y la gravedad. Por tanto, cuanto más viscoso es el bolo, requiere menos agilidad en el control motor para su manejo, el bolo es menos deformable y resulta menos probable que pase a la vía aérea en el caso de alteración en su cierre. En cuanto al volumen del bolo, los de menor tamaño son más seguros y tendrán menos riesgo de ser aspirados en el caso de incompetencia laríngea [29].

Las adaptaciones de la dieta se personalizan para cada paciente, y es importante unificar la nomenclatura para su clasificación. Disponemos de la clasificación de las texturas efectuada por la British Dietetic Association y el Royal College of Speech and Language Therapist, que las divide en cuatro categorías (B, C, D y E), que van de menor a mayor viscosidad [30], y la National Dysphagia Diet, realizada por la American Dietetic Association [31], que estandariza los alimentos y líquidos en ocho niveles continuos (del 0 al 7), donde el nivel 0 corresponde a los líquidos y el 7 a una dieta normal.

Maniobras posturales

Pretenden modificar las dimensiones faríngeas y redirigir el flujo del bolo a la vía digestiva, evitando su entrada a la vía aérea o el residuo orofaríngeo [8,18,28,32,33]. En la tabla I se describe el mecanismo de acción y las indicaciones de las diferentes maniobras posturales.

 

Tabla I. Maniobras posturales para el tratamiento compensador de la disfagia orofaríngea.
 
Mecanismo de acción

Indicación

Extensión cefálica

Utiliza la gravedad para aclarar la cavidad oral

Mejora la velocidad del tránsito oral y el drenaje gravitatorio faríngeo

Reducción de la propulsión lingual

Alteración del sello labial

Flexión cervical

Empuja la base de la lengua hacia la pared faríngea

Estrecha la entrada de la vía aérea (protege la vía respiratoria)

Retraso en el disparo del reflejo deglutorio

Aspiración durante la contracción faríngea

Rotación cefálica hacia el lado lesionado

Efectúa presión extrínseca sobre el cartílago tiroides, incrementado la aducción

Colapsa el seno piriforme unilateral

Aspiración durante la disfunción por parálisis de la cuerda vocal unilateral

Parálisis de la faringe unilateral (residuo faríngeo)

Inclinación cefálica al lado sano

Propulsión del bolo por el lado sano

Debilidad oral y faríngea unilateral (residuo en la boca y la faringe del mismo lado)

 

Técnicas de incremento sensorial

Incluyen la estimulación táctil, mediante presión de la cuchara sobre la lengua; gustativa, mediante estimulación química; y térmica, mediante estimulación con frío. Tienen como objetivo incrementar la sensación y alertar al sistema nervioso central previamente a la deglución [34]. Están indicadas en la apraxia deglutoria, el retraso en el inicio de la fase oral, el déficit sensitivo y el retraso en el disparo del reflejo deglutorio.

Estas técnicas ejercen su acción mayoritariamente a través de una familia de receptores-canales transmembrana –transient receptor potencial channels (TRP) [35]–, presentes en las neuronas sensoriales primarias de la orofaringe [36], que actúan promoviendo el estímulo sensorial a los núcleos centrales de la deglución del tronco cerebral y a la corteza cerebral, lo que potenciaría la reorganización neuronal y facilitaría la activación de la respuesta deglutoria.

Estudios con suplementación del bolo con agonistas de los TRP, como la piperina (agonista de TRPV1/ TRPA1) [37] y la capsaicina [38], han demostrado efectividad clínica en la mejoría de las alteraciones de la seguridad de la deglución. Se han descrito resultados similares al administrar sustancias mentoladas [39] o líquidos carbonatados [40].

Las modificaciones de la textura del bolo, la maniobra de flexión cervical y las técnicas de incremento sensorial tienen un nivel de evidencia B, según las guías de práctica clínica [11].

Estrategias terapéuticas


Pretenden mejorar la función de aspectos concretos de la deglución que están en parte bajo control voluntario. Clásicamente, incluyen las maniobras deglutorias y los ejercicios de control motor [8,18,28], y más recientemente la terapia de electroestimulación neuromuscular y el tratamiento con toxina botulínica del esfínter esofágico superior.

Maniobras deglutorias

Su objetivo es mejorar la eficacia y la seguridad de la deglución mediante el control voluntario sobre determinados aspectos de la deglución. Estas maniobras exigen capacidad de seguir instrucciones secuenciadas y de realizar un esfuerzo muscular (lo que excluirá a muchos pacientes con disfagia de etiología neurógena). Pueden utilizarse durante la deglución, pero, al mismo tiempo, permiten ejercitar la musculatura deglutoria, con lo cual son un buen ejercicio muscular [28,41,42].

En la tabla II se describe la técnica de ejecución de las diferentes maniobras activas, así como el efecto sobre la fisiología deglutoria que se pretende conseguir con cada una de ellas.

 

Tabla II. Maniobras activas para el tratamiento de la disfagia orofaríngea.
 
Ejecución de la maniobra

Efecto

Deglución de esfuerzo

Instruir al paciente para que degluta contrayendo tan fuerte como puedan todos los músculos deglutorios

Incremento en la presión de propulsión faríngea

Deglución supraglótica

Apnea voluntaria en el momento de deglutir, y deglución seguida de tos voluntaria, con el objetivo de aclarar la laringe de restos alimenticios

Mejora el cierre de la vía aérea a nivel de las cuerdas vocales, antes y durante la deglución. Indicada en la aspiración predeglución y durante la deglución

Deglución supersupraglótica

Apnea voluntaria, deglución ejerciendo fuerza y tos inmediatamente después de la deglución

Aumenta la seguridad de la deglución y se reduce la prevalencia de aspiraciones

Maniobra de Mendelsohn

Contracción mantenida de la musculatura suprahioidea para mantener la elevación laríngea y favorecer la apertura del esfínter esofágico superior y el cierre de la vía aérea

Favorece el cierre de la vía aérea

Mejora la apertura del esfínter esofágico superior y el vaciado faríngeo

Evita la aspiración posdeglución

Maniobra de Masako

Deglutir con el ápice de la lengua cogida entre los dientes incisivos

Facilita el movimiento de la base de la lengua y el paso del bolo por la faringe hacia el esófago evitando el residuo en la valécula

 

Ejercicios de control motor

Estos ejercicios pretenden mejorar la fuerza y la movilidad de las estructuras implicadas en la deglución (labios, musculatura masticatoria, lengua, velo palatino, laringe y cierre glótico). En cuanto a estos ejercicios, la mayor evidencia científica se halla en Shaker et al [43], que consiste en la potenciación isotónica e isométrica de la musculatura suprahioidea, encaminada a mejorar la apertura del esfínter esofágico superior y reducir el residuo faríngeo posdeglución. En relación con los ejercicios linguales, estudios que analizan la efectividad de los ejercicios de potenciación de la musculatura lingual contra resistencia describen una mejoría de la fuerza y el volumen linguales [44,45].

Dentro de la terapia restaurativa, a los ejercicios linguales, la maniobra supraglótica y la deglución de esfuerzo se les otorga un nivel de evidencia B [11].

Estimulación eléctrica neuromuscular

La estimulación eléctrica neuromuscular pretende potenciar grupos musculares con la inervación motora preservada. Respecto a sus efectos sobre la fisiología deglutoria, se ha mantenido la hipótesis de que actúa potenciando la musculatura orofaríngea y también proporcionando un feedback sensorial al sistema nervioso central que facilita la respuesta deglutoria [46]. Fue aprobada por la Food and Drug Administration estadounidense en 2001 como tratamiento de la disfagia orofaríngea [47].

Se basa en la aplicación de estímulos eléctricos mediante electrodos de superficie colocados en la musculatura del suelo de la boca. En función de la intensidad del estímulo eléctrico, se actuará potenciando la musculatura o como tratamiento sensorial.

Técnicamente se colocan dos sets de electrodos: el superior, situado en la región submentoniana por encima del hioides, y el inferior, por encima del cartílago tiroides con el objetivo de estimular los músculos del suelo de la boca y conseguir el ascenso y el desplazamiento anterior del hioides, con el consiguiente ascenso laríngeo, que contribuirá a mejorar el cierre glótico y la apertura del esfínter esofágico superior.

Estudios que evalúan la estimulación eléctrica neuromuscular como tratamiento de la disfagia tras un ictus concluyen que ésta es una técnica bien tolerada, que acelera el proceso de recuperación de la función deglutoria y que, combinada con la terapia deglutoria convencional, mejora de forma significativa la función deglutoria en estos pacientes [48-51].

La estimulación eléctrica neuromuscular también se usa como estrategia sensorial con el objetivo de facilitar la reorganización cortical en pacientes con disfagia orofaríngea tras un ictus, y se objetiva una mejoría significativa de varios parámetros deglutorios, como la reducción del tiempo de respuesta deglutoria y de la prevalencia de aspiraciones [48,52].

Toxina botulínica

La toxina botulínica se ha utilizado en el tratamiento de la disfagia orofaríngea en pacientes con disfunción en la apertura del esfínter esofágico superior, puesto que su inyección reduce la contracción tónica de dicho esfínter. Con esta premisa, los pacientes con absoluta o relativa hipertonía del esfínter esofágico superior podrán beneficiarse de este tratamiento. Terré et al [53] describen que la inyección de toxina botulínica de tipo A en el esfínter esofágico superior consigue una mejoría clínica y videofluoroscópica (reducción de la aspiración traqueal y del residuo faríngeo) en los pacientes con relajación incompleta del esfínter y adecuada propulsión faríngea. Su inyección ha demostrado ser una técnica segura, y se consiguen buenos resultados en estas indicaciones, manteniéndose el efecto al año de la inyección, dato también descrito en otros estudios [54,55].
 

Neuroestimulación


Las técnicas de neuroestimulación (central y periférica) incorporan nuevas estrategias de neurorrehabilitación de la disfagia orofaríngea con las que se pretende modular la plasticidad cerebral y restaurar la fisiología deglutoria. Además, suponen un avance en el conocimiento de la fisiología deglutoria. Revisaremos los aspectos más relevantes de ca­da una de ellas.

Estimulación central no invasiva


Estimulación transcraneal directa

Se basa en la aplicación de corriente eléctrica de baja intensidad (1-2 mA) en la corteza cerebral para modificar el potencial de reposo de las neuronas corticales, mediante dos pares de electrodos que actúan como ánodo y cátodo. El estímulo anódico potenciará la excitabilidad de la corteza motora y el catódico la reducirá.

Hasta la fecha, existen pocos estudios que analicen su potencial efecto en la recuperación de la función deglutoria tras un ictus. Kumar et al [56] objetivan que, aplicando el ánodo en el hemisferio sano, mejora la función deglutoria tras un ictus. Otros autores [57], más recientemente, demuestran también mejoría de la disfagia, cuando el estímulo se aplica en el hemisferio afecto.

Estimulación magnética transcraneal repetitiva


La estimulación magnética transcraneal es una técnica neurofisiológica que permite la inducción, de forma segura y no invasiva, de una corriente en el cerebro. Aplicada de forma repetitiva, puede modular la actividad cerebral en la región cortical afectada más allá de la duración de la estimulación misma [58].

La estimulación magnética transcraneal repetitiva puede actuar facilitando o inhibiendo el área faríngea no afecta y puede modular la respuesta deglutoria. En la disfagia orofaríngea tras un ictus, se utiliza para promover la recuperación de la función deglutoria con dos estrategias: facilitadora sobre el hemisferio sano o lesionado, o bien inhibidora sobre el hemisferio sa­no, y se ha descrito en ambas estrategias una mejoría de la función deglutoria; no obstante, los parámetros idóneos del tratamiento (frecuencia, hemisferio diana) están todavía por determinar [59,60].

Estimulación eléctrica intrafaríngea


Consiste en estimular el sistema sensorial periférico mediante estímulos eléctricos. Algunos estudios demuestran que la aplicación de estímulos eléctricos en las áreas inervadas por los nervios glosofaríngeo (IX) y vago (X) puede facilitar la respuesta deglutoria [61].

Jayasekeran et al [62], mediante la aplicación de un estímulo eléctrico (a 5 Hz durante 10 minutos), objetivan una mejora en la protección de la vía respiratoria reduciendo las aspiraciones y mejorando la capacidad deglutoria, lo que  se relaciona con un aumento de la excitabilidad faríngea corticobulbar y de la representación cortical en el hemisferio no dañado.
 

Conclusiones


La disfagia orofaríngea tiene una elevada prevalencia tras un ictus. Se manifiesta en alteraciones en la eficacia y la seguridad de la deglución, con la consiguiente morbimortalidad asociada a las alteraciones nutricionales y respiratorias.

El proceso de diagnóstico se basará en la exploración clínica y las exploraciones instrumentales (co­mo la videofluoroscopia y la fibroendoscopia), con las que se efectuará el diagnóstico fisiopatológico de la alteración de la deglución y así se indicará el tratamiento específico. El tratamiento de la disfagia orofaríngea incluirá las medidas dietéticas y terapéuticas (terapias compensadoras y restauradoras) que aseguren la correcta nutrición e hidratación de los pacientes en condiciones de seguridad. Como técnicas de futuro se incluyen las terapias de neuroestimulación que pretenden modular la plasticidad cerebral para restaurar la función deglutoria.

 

Bibliografía
 


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Oropharyngeal dysphagia in stroke: diagnostic and therapeutic aspects

Introduction. The prevalence of oropharyngeal dysphagia is high after a stroke. Clinically, it manifests as alterations affecting swallowing efficiency and safety, with the consequent morbidity and mortality associated with nutritional and respiratory alterations.

Aim. To carry out an updated review of the diagnostic and therapeutic aspects of oropharyngeal dysphagia after a stroke that can be applied in daily clinical practice, and of the non-invasive neurostimulation techniques.

Development. The process of diagnosis and treatment of oropharyngeal dysphagia aims to screen, identify and diagnose patients at risk of dysphagia, and establish the dietary and therapeutic measures that ensure proper nutrition and hydration of patients under safe conditions. The diagnosis is based on the clinical examination of swallowing and on instrumental examinations such as videofluoroscopy and fibro-endoscopy. Therapeutic measures include compensatory and rehabilitative strategies (active manoeuvres, motor control exercises, neuromuscular electrostimulation and botulinum toxin treatment). Neurostimulation techniques include non-invasive central stimulation and intrapharyngeal electrical stimulation.

Conclusion. The prevalence of oropharyngeal dysphagia is high after a stroke. Diagnosis should include a clinical evaluation and an instrumental examination, and thus objectively indicate the treatment, which will include compensatory and restorative measures with which to reduce the associated morbidity and mortality.

Key words. Direct transcranial stimulation. Dysphagia. Fibro-endoscopy. Neuromuscular electrostimulation. Neurostimulation. Repeated transcranial magnetic stimulation. Stroke. Videofluoroscopy.

 

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